Amanece un día más en la cubierta de mi navío.
Siempre imperturbable a pesar de la posible zozobra, abriéndose paso firmemente entre la marejada que viene a ser como vamos a referirnos metafóricamente a la gilipollez de las personas. No la de todos, claro, en algunos casos la gilipollez es una ola de 40 metros surfeada por un australiano cachas, y es mejor bordearla que atravesarla.
Desde hace algún tiempo, entre las diversas actividades que desempeño, participo en una investigación relativa al comportamiento social a través de las redes. Bueno, en mi caso desde un punto de vista bastante más técnico por otras cuestiones, pero no me enredo, que tengo que leer mucha documentación del impacto psicosocial de todo esto.
Vivimos actualmente una época horrorosa, pienso. Nos hallamos en una sociedad altamente megalómana, llena de egos, ávida de likes, dispuesta a cualquier cosa por aparentar. Y todo esto por supuesto es culpa de las redes sociales que lo promueven y la tecnología que las sustenta.
Esto es la auténtica revolución industrial de las patologías mentales. Orwell estaría orgulloso.
Espero que cuando los extraterrestres nos invadan tras habernos destruido entre nosotros encuentren esta entrada.
Capítulo 1: Aparentar
Quizás este sea el principio de todo.
Por ejemplo, hay cadenas de restaurantes bastante modestas que se esmeran en una presentación «vistosa» de sus platos para que los menos pudientes puedan aparentar haber estado cenando en un sitio caro, o de mayor calidad.
Es bastante gracioso que haya gente que «presuma» de comer bien en sitios que son altamente mediocres para los que nos gusta y entendemos un poco de gastronomía, pero esto es algo muy común.
No quiero decir que lo caro sea mejor, que os veo venir.
Recuperad el control en esas mentes preparadas para el ansia internáutica y recordad que hablábamos de «aparentar»
Lo importante aquí es la foto. Y mostrar que has ido a «cenar fuera» a un sitio que está decorado «cuqui». Y el cuquismo de la decoración también es baratucho, pero APARENTOSO.
Bueno, y sí, que no tienen un duro para pagar algo bueno de verdad, pero eso es otro tema.
Capítulo 2: La percepción de los demás
Esto también pasa en la vida real, cada uno tiene su forma de ser y percibe y siente las cosas de un determinado modo. No siempre todo el mundo ve o nos ve bajo el mismo prisma. Pero, en general, nos movemos en unos ámbitos más acotados. Esto también está relacionado con lo que hablaré en el Capítulo 5.
En una red social puedes compartir o no tus emociones reales, puedes compartir una foto falsa o real, pero ya estás abriendo la puerta de par en par a que cualquier persona que lo vea se monte su película desde su percepción (SU percepción) (SUUUUUUUUUU que diría CR7).
No solamente es una cuestión de que se monten una película sobre lo que lean o vean de tu publicación en plan porque sean @tontos y no lo entiendan, o sean muy catetos, o cualquier desgracia cognitiva que les ocurra, es que según su estado de ánimo posiblemente reaccionen de distinta manera ante teóricamente el mismo estímulo.
Sobre esto hay otro estudio.
Por ejemplo: coges una persona A y una persona B, y les enseñas una foto de alguien que no conocen de nada en una red social de fotos random, llamémosla… Instrankrang. Esta persona de la foto se ve sonriendo en un bonito paisaje.
El perfil de la persona A es una persona depresiva, sin trabajo y con problemas de adicciones a medicamentos, el perfil de la persona B es de una persona normal, con una vida familiar normal y un trabajo normal.
La percepción y la manera en que afecta la imagen a estas dos personas con respecto a lo que les transmite la foto es totalmente distinta.
Ojo, que esto no es un hecho 100% sin error, por supuesto que varía. Pero es un ejemplo tratando de simplificar.
En definitiva se trata de que, en general, si una persona está «mal», o «triste» o «enfadada», las emociones positivas de otra persona a través de una red social le suelen molestar sobremanera. Es muy curioso.
Mientras tanto, las personas más saludables psicológicamente, plenas, con inteligencia emocional, un valor social y educacional adecuado, o que tienen una vida que atender, relativizan las bromas o incluso empatizan y disfrutan con la felicidad de un desconocido.
Capítulo 3: La omnipresencia, la envidia, la frustración
Esta exposición constante, provoca que, sin querer, lo mismo tú estás jodiéndole el día a alguien que ni conoces ni te importa lo más mínimo su existencia. Ese alguien ya está mosqueado, y la gente por desgracia es bastante básica, y bastante @tonta, y no tiene nada que hacer, solo aprovechar la inmunidad tras la pantalla (cada vez menos a nivel Penal) para volcar su frustración sobre tu felicidad.
En ese momento, representas lo que no puede tener, lo que probablemente jamás pueda tener. Se frustra. Porque quizás mientras ve esa foto tuya sonriendo en un paisaje precioso en una playa de Bali está pensando cómo pagar su hipoteca para que no le echen, o que está gordo y le jode verte en bikini, o que no tiene ni un duro para pagar la luz.
Y la frustración genera muchísimo odio.
Esto puede extrapolarse a cualquier situación y/o circunstancia.
En la vida real, tú haces lo que a ti te de la realísima gana, y quien no está a tu lado no se entera. Tú, en la vida real estás en tu casa, y quien no está sentado contigo a tu lado, no sabe lo que estás haciendo.
En tu cabeza, sabes lo que estás pensando y si no abres la puta boca, nadie va a saber lo que estás pensando.
En las redes no. Siempre estás. Nunca cierras la puerta. A no ser que salgas de las redes, claro, con lo cual ya no formarías parte de nada de esto.
Esa necesidad imperiosa de mostrarse todo el tiempo va generando una maraña de emociones alrededor, y en uno mismo al no recibir la respuesta que desea, o ansiando recibirla, o frustrándose a su vez si la respuesta es negativa. Menudo caldito rico para la cena.
Da igual dónde estés, cualquier cosa que publiques la va a leer hasta tu prima la de Murcia en ese preciso momento.
Y ojo, cuidao con las de Murcia como las enfades. Acho pijo.
Capítulo 4: Las explicaciones
En fin, y si no cierras la puerta nunca, ¿qué podría pasar? Nada. Tú déjalo todo abierto de par en par. Planazo sin fisuras.
Pues llega la adicción a las explicaciones. ¿Por qué? Porque tú ya has subido tu foto paseando tu culo por Bali, ¿por qué algunos tienen que comentar con tanto odio? ¿Qué obtienen?
Obtienen volcar su frustración, hay que vaciarla en algún sitio, y tú le has mostrado lo insignificante que es su vida, o cualquier aspecto de ella.
Ah, la puerta del despacho de los volcados de frustración estaba abierta.
Pero es yo tengo que contestar, porque me ha jodido, y tengo que explicarlo. Y volverlo a explicar porque otra cuenta de un RT me menciona y no ha entendido una mierda pero me insulta. No pienso callarme jamás! *aprieta puñitos*
Ay mira eh, qué pereza.
Y, si llamas la atención por cualquier cosa, las hienas frustradas aparecen.
Por ejemplo, ¿habéis visto a gente famosa dando explicaciones a cuatro tarados que les dicen cualquier cosa con tal de picarles y entran al trapo? Estas personas famosas llegan a tener cuadros de ansiedad por las imbecilidades que cuatro subnormales les dicen a diario en publicaciones donde están felices con sus familias o haciendo lo que les da la gana. Cosas que esos amargados miserables jamás podrán hacer.
Explicaciones por haber expuesto algo de tu vida.
Me da muchísima pena ver por ejemplo casos de Youtubers jóvenes, que hemos analizado 3000 vídeos. Viendo los comentarios a veces cuesta crear que sean reales y que estos youtubers les respondan, y pierdan un tiempo de su vida en explicarle a cuatro tíos que ni saben quiénes son aspectos personales suyos, o por qué hicieron o dejaron de hacer algo. Pero se ven en la obligación, hay que explicarlo todo, que la gente no se ha enterado, y mejor volverlo a explicar, porque el día anterior que lo explicaste este tipo no os seguía aún. Y así hasta el infinito.
A gente que NO CONOCES DE NADA. Y QUE POR CÓMO ESCRIBE PARECE RETRASADA MENTAL O QUE TIENE 12 AÑOS. Madremía.
No sé, la gente es muy básica. MUY básica.
Capítulo 5: ¿Quién es quién? La inmunidad tras la pantalla
Este es sin dudarlo mi preferido.
¿Quién en su sano juicio se pone a insultar a alguien que no conoce de absolutamente nada por una red social?
Bueno, la cosa en sí ya no es el mostrar odio o rechazo, también lo contrario. Expresar amor y fanatismo por personas desconocidas es, cuanto menos, arriesgado.
En la VidaReal (™) tú sabes a quién tienes delante. Sabes quién está opinando, juzgando, alabando o rechazando. Evidentemente el nivel de importancia que se le da, o que debería dársele vaya, tendrá que ver con aspectos como su estatus social, su nivel de formación, el tipo de relación que mantengáis (amigo/compañero/pareja/familia), su edad, su tono de voz, su expresión no verbal.
¿En tu día a día vas a discutir con un niño de 15 años sobre tu trabajo que llevas 10 años haciendo y con una formación bestial? ¿En tu día a día vas a debatir sobre la calidad de literatura de Hemingway con una persona que no se ha leído un puto libro desde que terminó 4º de ESO y tú lo sabes? ¿Te vas a molestar en discutir con una tía que has conocido en un bar que habla chabacanamente y haciendo gestos de negra chunga del Bronx?
PUES CLARO QUE (espero) NO.
Cada uno, en la vida real, está en su sitio. Donde te corresponde. En una red social no. Y eso confunde y mucho a la gente.
Por una red social no sabes con quién hablas. Probablemente si alguien hace eso, será un perfil bastante bajo, no puedes discutir ni tratar de razonar nada, ni entrar en explicaciones ni nada, es absurdo y totalmente carente de sentido. No puede perderse el tiempo en algo así.
Yo misma me he encontrado con gente por otras redes sociales que me ha dicho cosas como «hombre Jefa, qué tal que como dejaste Twitter porque noséquién te dijo noséqué» O___O ???????
Pero tú eres @tonto. Bueno, no, igual lo único que pasa es que no me conoces de nada. Eso es lo que tiene un 99% de posibilidades. El otro 1% sí es de ser tonto. Pero no me enfado, me hace gracia de hecho.
Ah, y luego tenemos a mis fans los que dicen que soy «capacitista» porque digo mucho que la gente es «retrasada y subnormal» y que soy «homófoba» porque digo «qué pasa maricón» y machista porque madremía QUÉ MAL TRATO A LAS TÍAS eh. Las cosifico y soy un depredador sin piedad. Y no sé qué más perlas que evidencian ser BASTANTE RETRASVale, vale. ¿Pero cómo no nos vamos a descojonar con estas cosas? Si es que entre que faltan veranos, que falta educación y que falta cerebro hacéis unas cosas muy graciosas.
Pero bueno, que yo no he venido a hablar de mí. QUÉ EGO TENGO.
No quiero desviarme. Está claro que no siempre todo lo que publiquemos o digamos vaya a gustar, pero aquí no hablamos de eso, hablamos de cómo nos condiciona en el comportamiento, en nuestra manera de relacionarnos, en las reacciones a nivel redes sociales y en nosotros mismos porque estamos constantemente haciendo interpretaciones, exigiendo, compitiendo, enseñando, demostrando, explicando.
Buf colega.
Capítulo 6: Sociedad Líquida
En un mundo donde la inmediatez es la madre de todas las ciencias, donde lo superfluo se impone por encima de todo, hemos dejado de dar valor a las cosas estables. Todo es rápido y cambiante. Lo que no nos sirve, lo desechamos rápido, y rápido encontramos algo con lo que sustituirlo. Todo es temporal. Incluso el conocimiento y la educación son de usar y tirar.
No hay barreras. Ya no solo conoces gente de tu barrio, puedes conocer gente de todo el mundo, puedes encontrar colectivos de cualquier tipo y comunicarte con ellos estés dónde estés.
Decía Bauman, que «es estéril y peligroso creer que uno domina el mundo entero gracias a Internet cuando no se tiene la cultura suficiente que permite filtrar la información buena de la mala»
Existe la gente normal, existe la gente inteligente y luego existe la gente que digamos está a otro nivel «mental» (que no necesariamente intelectual), con respecto a la sensibilidad, a la manera de pensar, a la manera de abstraerse a través del desarrollo de la inteligencia emocional y a la capacidad de análisis.
Una persona inteligente puede ser «normal» a nivel interaccionar y nula a este nivel de análisis, de poseer una percepción amplia, o con un desarrollo vasto de las emociones. Una persona inteligente puede hacerte 800 ecuaciones en 3 minutos y sobrarle 1 para hacerte 300 cubos de Rubik pero sin embargo ser nulo en saber situarse de manera correcta para tomar un plano cenital de una situación en la que esté involucrado o que lo requiera.
Este es un problema añadido en la ansiedad que generan las redes sociales a nivel conductual, pues si añadimos al estímulo positivo o negativo que propicia la necesidad de satisfacer el ego la incapacidad de empatía o la falta de una visión amplia, madurez emocional, por no hablar de cultura en general… tenemos un cóctel explosivo.
La mayoría de la gente es normal, simplemente. Básica. Con sus cosas, sus más y sus menos, pero la gente no es reflexiva, ni practica la introspección. De hecho esta misma entrada la mayoría de las personas la verán como «MENUDA RAYADA xddddd» jjsjjsjsjj
A mí personalmente, los cubos de Rubik se me dan regular para hacer tantos en tan poco tiempo, pero la introspección la suelo practicar a diario.
Y hoy me apetecía dejar esto escrito aquí, porque es mi blog, y me sale de los cojones.